Color. En las calles, en los rostros, en las ropas. Grandes y chicos juegan, se ríen, disfrutan. Es que Holi, el festival del color, es una celebración que reúne a la familia en pleno y una de las pocas de la India que no hace diferencias de género, casta, ni religión. Lo importante es divertirse, olvidar todos los problemas, desear felicidad al prójimo y participar pintándose a uno mismo y a todo el que se deje colorear. Cuenta la leyenda que el Holi, cuya traducción literal es “quema”, rememora la reencarnación de Vishnu, un dios hindú mitad hombre y mitad león que protegió a uno de sus más fieles devotos y lo salvó de una muerte segura, premiando así su fe y su incondicionalidad. Cuenta, también, que sus orígenes se remontan a varios siglos antes de Cristo y que sus primeras seguidoras fueron las mujeres casadas, que coloreaban sus vestidos blancos como símbolo de la felicidad y prosperidad de sus familias. De hecho, en varias construcciones del siglo XVI hay esculturas y pinturas que retratan coloridos rostros femeninos e imágenes familiares. Por eso, se dice que éste es el festival de la fraternidad, la armonía y la tolerancia. Es el día en el que “tu enemigo se convierte en tu amigo”, y nadie queda afuera de la celebración. Los chicos son los encargados de comenzar con los festejos, pintando las ropas de sus madres primero y sus padres después. Recién entonces el resto de la familia puede salir a las calles. Es muy común visitar parientes y también hacer regalos como símbolo de la unión familiar.
El mensaje de este festejo, que con los años se ha convertido en una atracción turística internacional, es “olvidar todos los problemas”. Y, a partir de esa premisa, suma cada año más adeptos. Se utilizan cuatro colores en polvo –magenta, verde, amarillo y azul– que se mezclan con un líquido para formar una suerte de témpera (que más tarde se limpia con aceite de coco). Las calles se inundan de chicos y las mujeres casadas se encargan de encender fogatas que, según la creencia, purifican todo y aseguran una buena cosecha. Las solteras, en cambio, suelen hacer muñecos de madera, que representan el deseo de encontrar marido.
Durante el día de Holi, un espíritu infantil se apodera de todo el país. Algunos eligen “jugar” con las manos y otros, más sofisticados, utilizan pistolas plásticas que disparan pintura. Oiringalmente, sólo se utilizaban colores naturales y hechos a base de hierbas. Pero con el paso del tiempo y con el objetivo de lograr que el color durara más, se dio paso a los preparados sintéticos. Muchos compran el polvo para fabricar estos “colores” días antes en los mercados callejeros, pero están quienes, más conservadores con la tradición, deciden prepararlo en sus casas, utilizando flores como tesuh y polash.
Esta festividad, desbordante de colores, tiene además significados ancestrales vinculados a los colores. Si bien en la India es frecuente ver los trajes de las mujeres, o saris, de estridentes verdes o rojos, en este país, el color tiene una connotación particular. Por ejemplo, el verde simboliza la calma, la naturaleza. Representa la compasión, la pureza y la armonía. Aumenta nuestra sensiblidad y tiene efectos curativos. El azul es el color del cambio. Es un llamado personal a dejar atrás viejas actitudes y hábitos que nos hacen mal, a olvidar el pasado. Es el color del comienzo y de la expresión creativa. El rojo, por su parte, simboliza la fiesta, la energía y el amor. El azafrán, o naranja, suele estar asociado con la festividad, la felicidad y el optimismo. Y el amarillo, por último, denota energía y se relaciona con el nacimiento de una nueva estación.
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